lunes, 21 de marzo de 2016

Las mentiras del porno: cinco cosas que no deberías repetir en casa

Su consumo es mucho más habitual de lo que queramos reconocer. Tanto hombres como mujeres utilizan el porno para excitarse y disfrutar de una buena sesión de sexo practicado a lo grande y, por qué no, coger alguna idea para inspirarse para su día a día. “Mucha gente piensa que la pornografía es un reflejo de lo que sucede realmente en los dormitorios e intentan imitar lo que ven cuando mantienen relaciones sexuales”, explica en 'Men's Health' Ana Bridges, psicóloga experta en el análisis de los efectos de la pornografía en las relaciones de pareja.
Innovar en la cama no sólo está bien, en muchos casos es necesario para reavivar la pasión, pero siempre con cabeza. “Está claro que podríamos ampliar el repertorio, pero también deberíamos limitar la búsqueda de ideas”, recomienda Bridges, quien enumera algunas de las escenas habituales del porno que muchos idolatran pero “son sólo aptas para profesionales”. No lo intenten en sus casas.

1. Doble penetración

En un reciente análisis sobre el tipo de pornografía de mayor consumo, Bridges encontró que casi una de cada cinco escenas destacadas incluían la doble penetración. Sin embargo, según datos de otra investigación, sólo el 3% de los hombres y el 1% las mujeres han tratado de practicarla en la vida real. El hecho es que en la vida real este acto resultaría bastante doloroso para la inmensa mayoría de las vaginas y anos comunes. Si queremos hacer algo mínimamente parecido podemos probar a introducir un vibrador en escena que, en lugar de ir a parar a la vagina a la par que el miembro viril, ayude a excitar simultáneamente la zona del clítoris. Una vez esté suficientemente lubricada la mujer, quizás quepan ambos falos.

2. Orgasmos brutales (y asegurados)

Lo sabes, el porcentaje de mujeres que alcanzan el clímax durante sus relaciones sexuales no es ni parecido al de los hombres, quienes lo disfrutan en más del 80% de las ocasiones. De hecho, son muchas las que optan por fingirlos con el objetivo de autoanimarse y llegar de verdad. “Si las mujeres se excitasen con la misma facilidad que las actrices porno, estarían teniendo orgasmos todo el día. Es un éxtasis poco realista”, sentencia Bridges.
Cerca del 80% de las mujeres que han replicado algunos actos en su casa –más concretamente, en su cara y boca– no se sintieron especialmente a gusto
Si hablamos de actos de más de 20 minutos sin parar, en los que no faltan los gemidos permanentes, las miradas viciosas constantes y cambios de posturas prácticamente acrobáticos, estamos hablando de porno, no de lo que ocurre en tu dormitorio.

3. Hablan demasiado sucio

Según el análisis realizado por la experta, cerca de la mitad de las escenas sexuales de la películas pornográficas más populares incluyen insultos, particularmente dirigidos a las féminas. Sin embargo, las estadísticas del mundo real difieren bastante de la idea de que llamar constantemente zorra a una mujer e ir subiendo el tono, no gusta tanto: el 20% de las mujeres aseguran haber probado esto en sus dormitorios, y casi la totalidad de ellas dijeron que no les había gustado
“Puedes tomar el control durante el sexo, incluso verbalmente, sin que sea necesario llamar a tu novia una puta”, aclara la psicóloga, quien recomienda utilizar palabras sucias en formato pregunta –'¿quieres que te dé un buen azote?' o '¿te gusta que te tire del pelo, verdad?'– en lugar de insultar directamente y sin anestesia.

4. Fluidos descontrolados

Las lluvias doradas y las eyaculaciones en el rostro del resto de personajes protagonistas de la escena, suelen ser la tónica habitual en el porno. No obstante, según el estudio de Bridges, cerca del 80% de las mujeres que han replicado estos actos en su casa –más concretamente, en su cara y boca– no se sintió especialmente a gusto ni repetiría la experiencia de acabar el acto de esa manera.
En el porno nunca aparece un pene flácido durante las relaciones sexuales, lo que nos da la idea de que, de ocurrir en nuestro dormitorio, es algo vergonzoso
“La reacción en el porno es muy diferente a la real. Las mujeres actúan como si fuese el éxtasis absoluto”, menciona Bridges, y aprovecha para ofrecer dos consejos de lo más útiles: “Para empezar, no preguntes si puedes eyacular en su cara 30 segundos antes de hacerlo”, recomienda, y probar a hacerlo mejor sobre su espalda, vientre o senos. Si el semen entra en los ojos, puede haber consecuencias de lo más desagradables para su salud ocular.

5. Erecciones interminables al instante

Ni lo has visto ni lo verás. En el porno nunca aparece un pene flácido durante las relaciones sexuales, lo que nos da la idea de que, de ocurrir en nuestro dormitorio, es algo vergonzoso. Pero la realidad es que pasa bastante más a menudo de lo que los varones quieren confesar. No sólo eso. Las estrellas de las películas X se excitan con solo mirarse y no tienen ni un miramiento para ponerse a practicar sexo porque están permanentemente preparados (esto es, erectos y lubricados). De hecho, la investigación de Bridges ha demostrado que los hombres que consumen demasiada pornografía, tienen más probabilidades para sentirse inseguros sobre el tamaño de sus penes o sobre si sus erecciones están a la altura o son anormales. En la vida real no tiene por qué haber prisas y la llegada de la erección debería tomarse como parte de la diversión y placer del sexo.
“Los hombres tienden a ver el sexo como un deporte en el que tienen que ganar en lugar de como una experiencia compartida o una oportunidad de crear confianza con sus parejas, explica Justin Sitron, profesor de sexología en la Universidad de Widener, “hay que aceptar que el sexo es una experiencia más que un pene y una vagina aptos o no”.

Via : el confidencial
Autor: Alba Ramos Sanz
Imagen : Istock 

jueves, 10 de marzo de 2016

¿Te atreves con la estimulación prostática?

Uno de los principales temas tabú respecto a la sexualidad masculina, es el de la estimulación de la próstata, desde un punto de vista erótico, ya que ésta se realiza a través del ano.
La estimulación erótica de la próstata no está vista socialmente como una práctica sexual propia de la masculinidad, sin embargo, es uno de los puntos más erógenos en el hombre, su punto P.
Si se dejan de lado los prejuicios e ideas homofóbicas, estimular la próstata de esta manera no es más que la exploración de una zona erógena del cuerpo, como pueden ser los genitales, la cual implica abordar el placer desde otra perspectiva únicamente. 
Se puede efectuar de diversas maneras, utilizando masajeadores de zona anal, con o sin vibración, así como de la manera tradicional (táctil), siempre acompañado del uso de un lubricante adecuado. 
Una vez que se adquiere la confianza y el ánimo para experimentar la estimulación erótica de lapróstata, es posible disfrutar de la satisfacción que ésta provoca provocando orgasmos más intensos y prolongados.
¿Necesitas más razones para atreverte a probarlo? No caigas en el error de poner barreras al placer. Olvídate de los prejuicios, del qué dirán o pensaran y lánzate a descubrir otra parte de ti mismo, que por miedo o vergüenza no atrevías a explorar.  

¿Sabías que el uso de los masturbadores ayuda a controlar la eyaculación?




El hombre desde que es hombre siempre ha tenido interés por el pene. El pene está unido a la virilidad,a lo masculino, a la potencia, al placer. Sin embargo, muchos hombres sufren problemas de erección o eyaculación precoz, lo que afecta negativamente a la concepción de ellos mismos y se transmite en relaciones sexuales muy poco placenteras.


Los masturbadores masculinos son un excelente medio de entrenamiento, ya que transmiten sensaciones de placer que podemos usar para identificar los diferentes estímulos y controlar así, el ritmo y el placer durante la penetración. Igualmente se pueden usar para tener un mayor control de la eyaculación. 
Al igual que cuando queremos fortalecer los músculos del cuerpo utilizamos un programa de entrenamiento adecuado para ello, con la eyaculación sucede igual. El punto de partida es utilizar el masturbador y medir la duración antes de eyacular. A partir de este momento, hay que plantearse diferentes metas. 
Como es lógico, la primera vez que se utilice es probable que el tiempo de eyaculación sea muy corto, ya que son sensaciones nuevas, o puede haber una sobre estimulación. Lo importante es ser riguroso con el programa de entrenamiento. Para ello en el primer uso marca un minuto de duración antes de la eyaculación y aumenta progresivamente 30 segundos, en cada uso. Con ello conseguirás controlar, no solo la eyaculación, sino que serás capaz de identificar los estímulos, marcar tu propio ritmo y alcanzar el clímax cuando tu quieras. 
Todo este proceso debe de ser natural, sin incluir retardantes o componentes con lidocaína
Una vez conseguido el tiempo deseado (cada persona marca sus propios límites en función de sus deseos, experiencias o expectativas) dentro de la práctica con los masturbadores, puedes introducir diferentes estímulos, como pueden ser revistas eróticas o videos pornográficos. Con ello estarás ante nuevas sensaciones con las que tendrás que plantearte nuevos retos.
Si pensabas que tu ritmo de eyaculación era un problema que siempre te iba a acompañar en tus relaciones sexuales, olvidate de eso, ya que la solución es muy sencilla. Además piensa una cosa, en ¿qué gimnasio o qué rutina de ejercicios termina en un orgasmo? No te lo pienses y empieza a entrenar.

¿Conoces la diferencia entre una anilla “estranguladora” y una anilla “vibradora?


En muchas ocasiones se usan anillas durante las relaciones sexuales para estímular las zonas erógenas, mantener la erección durante más tiempo, etc. Pero realmente, ¿sabes cuál es la diferencia entre ellas?, así como, ¿para que sirven unas u otras?. En el siguiente artículo vamos a explicar al detalle las características principales de las anillas estranguladoras y las anillas vibradoras, para que puedas disfrutar al máximo del sexo y consigas orgasmos inigualables. 



  • Anillas estranguladoras: también conocidas como anillas retenedoras, ya que su principal uso es mantener la erección durante más tiempo y retardar la eyaculación (si se usa alrededor de los testículos, ya que presiona levemente el conducto seminal). 
El funcionamiento es muy sencillo, se coloca la anilla alrededor de la base del pene de manera que la     sangre se queda retenida, provocando con ello, un erección más duradera. El pene pierde un poco de sensibilidad, lo que puede ayudar igualmente a retrasar la eyaculación. 
Un aspecto muy importante a tener en cuenta es que esas anillas incrementan el placer tanto en el hombre como en la mujer. En el hombre provoca una erección mucho más intensa y duradera y en la mujer aumenta la variedad de sensaciones en la zona vaginal, pues el pene se fortalece y las venas hinchadas lo texturizan, dándole una rugosidad fuertemente placentera. 
Pueden ser de diversos materiales: cuero, metal, pvc, silicona, nilon,… Cada material responde a las necesidades de cada caso, aunque los materiales más comúnmente usados son el pvc y la silicona, ya que por su elasticidad se adaptan mucho mejor a los diferentes tamaños de pene.
Es recomendable no usar las anillas durante mucho tiempo, ya que al estar la sangre retenida puede provocar problemas en la vascularización del pene. Por este motivo, es aconsejable usarlo exclusivamente durante las relaciones sexuales.


  • Anillas vibradoras: Son un excelente juguete sexual que aumenta el placer de hombres y mujeres. Incorporan un motor de vibración que estimula las zonas erógenas; testículos, pene y clítoris, durante la penetración. 


Pueden funcionar con pilas o batería recargable mediante cargador.
Del mismo modo, también las hay con diferentes modos de vibración o
velocidades, para aumentar o disminuir la estimulación de la zona. 
Al tratarse de una anilla ejerce presión alrededor del pene, por lo que la sangre se retiene, provocando con ello, una erección más duradera. Sin embargo, la presión no es tan grande como la que originan las anillas estranguladoras.
Importante no llevarla puesta durante mucho tiempo para mantener una correcta
circulación sanguínea del pene y permitir que el oxígeno llegue a los tejidos,
consiguiendo con ello, un pene muy saludable.